martes, 9 de julio de 2013

China y Rusia aprenden juntos a combatir

China y Rusia aprenden juntos a combatir

Los nuevos ejercicios rusos-chinos que se realizarán en el mar del Este (mar de Japón) y en el polígono de Chebarkul (Urales del Sur) será un paso más hacia la preparación de las fuerzas armadas rusas y chinas para una cooperación militar real.

Los entrenamientos conjuntos se llevarán a cabo independientemente del carácter humanitario o antiterrorista de las eventuales operaciones. 
Las maniobras de años anteriores ya rebasaban los marcos de la lucha contra el terrorismo. En el curso de los ejercicios rusos-chinos en el mar Amarillo en 2012 se pulieron, por ejemplo, la lucha conjunta contra submarinos y el rechazo conjunto de los ataques aéreos. 

A las maniobras Interacción Marítima 2013 China enviará seis grandes buques de guerra, entre ellos cuatro destructores, dos fragatas y un barco de avituallamiento. La unidad china estará compuesta por el destructor Shenyang proyecto 051C, equipado con el poderoso sistema de misiles antiaéreos S-300 FM de fabricación rusa y asimismo fragatas proyecto 054. Cabe suponer que durante los nuevos simulacros se prestará aún más atención a aspectos altamente tecnológicos de la guerra naval como ser la defensa antiaérea y antisubmarina. Los ejercicios conjuntos resultarán más provechosos para la flota china, que tan solo años atrás obtuvo acceso a los modernos radares para buques, a los sistemas de defensa antimisiles y a algunos otros tipos de armamento. 

Por otra parte, los ejercicios terrestres Misión de Paz, que se efectúan anualmente en el marco de la Organización de Cooperación de Shanghái, apuntan a la preparación de acciones conjuntas para el caso de una vasta desestabilización de la situación en la región centroasiática. Actualmente los preparativos de tal guión negativo cobran gran actualidad. Se aproxima 2014, año en que EEUU y la OTAN reducirán sensiblemente su presencia en Afganistán. Independientemente de la situación en Afganistán, existe un gran riesgo de desestabilización de la situación en Kirguistán, que ya ahora está al borde de dividirse en norte y sur. Uzbekistán también puede verse en el umbral de la crisis, si el presidente Islam Karímov llegue a perder el control de la situación. 

Los ejercicios que se realizan en Chebarkul comúnmente suponen el perfeccionamiento por las tropas terrestres y las fuerzas aéreas de los países participantes de las acciones conjuntas de demolición de grandes bandas armadas. Pero si prestamos atención a la composición de las fuerzas armadas alistada para la acción, podremos llegar a la conclusión de que se trata de una verdadera guerra local. 

Una vasta desestabilización de la situación en Asia Central en la actual década parece ser inevitable. De los países de la región solo Kazajstán evidencia estabilidad y un desarrollo exitoso, pero el número de efectivos de su ejército no alcanza siquiera los cincuenta mil, a la vez que la superficie del país y sus fronteras son enormes. Bajo un determinado guión, la realización de una operación militar conjunta ruso-china puede ser la única salida. Pero para una interacción plena ambas partes deben aún recorrer un largo camino. 

Algunos analistas opinan que sigue pendiente la cuestión de la capacidad de los mandos rusos y chinos de tomar una rápida resolución política respecto a una intervención militar en caso de que se pierda el control de la situación. Rusia y China no consiguieron desempeñar un papel palpable en el arreglo de la situación en la ciudad kirguisa de Osh, donde en 2010 se produjeron sangrientos enfrentamientos étnicos. La toma de una resolución sobre la primera operación militar conjunta será un momento crucial en la historia política tanto de Rusia como de China. Los mandos que deberán tomarla asumirán una gran responsabilidad y grandes riesgos políticos. El temor a adoptar semejante resolución irreversible, por lo visto, será un obstáculo mayor en dirección de las acciones conjuntas, que cualquier complejidad de índole técnico-militar.

La voz de Rusia
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