miércoles, 3 de octubre de 2012

Algunos de los secretos de la primera bomba atómica de la URSS

Para gran sorpresa del gobierno de Estados Unidos, la primera bomba atómica soviética fue detonada en el polígono de Semipalátinsk el 29 de agosto de 1949. Los documentos desclasificados relatan el papel que desempeñó la inteligencia soviética en lo que respecta a la creación de la bomba.
La culminación de un proyecto secreto tuvo lugar en la orilla izquierda del rió Irtish, a 130 kilómetros de la ciudad de Semipalátinsk, al noreste de la república soviética de Kazajstán.
Fue la instalación militar secreta una conocida como: “Polígono Nº2” del Ministerio de las Fuerzas Armadas de la URSS. Unidad militar 52 605, responsable de efectuar las pruebas del dispositivo RDS-1, o “Artículo 501” O, hablando claro, la primera bomba atómica soviética.
La noticia sobre la detonación en la URSS de un dispositivo nuclear fue un duro golpe para el presidente de EEUU, Harry S. Truman, porque todos los científicos estadounidenses y la CIA le habían asegurado que los soviéticos necesitarían por lo menos diez años para desarrollar sus propias armas atómicas.
Pero Truman recibió un segundo golpe, y mucho más fuerte, cuando los expertos al poco tiempo informaron que todos los parámetros de la bomba soviética coincidían con los de la primera bomba estadounidense explotada en 1945.
La conclusión era evidente: los rusos habían robado información ultra secreta.
La respuesta de Moscú, también desconcertó a Occidente, desde la tribuna del parlamento soviético, el físico soviético Igor Kurchátov, en un discurso cargado de patriotismo hizo el anuncio sensacional:
“Los científicos soviéticos consideraron un deber patriótico garantizar la seguridad de la Patria, y obtuvieron éxitos importantes en la fabricación de armas atómicas”, dijo Kurchátov seguido de una estruendosa ovación en la sala.
Los experimentos en materia de la física nuclear en los años 30 y 40 del siglo pasado se realizaban en Estados Unidos, Gran Bretaña, Unión Soviética y Alemania.
Pero fue precisamente en Alemania donde aparecieron tres figuras que es indispensable recordar, los científicos en física: Albert Einstein, Klaus Fuchs y Otto Hahn.
El futuro Premio Nobel Otto Hahn obtuvo pruebas irrefutables de la fisión nuclear de uranio en 1938, lo cual permitía desarrollar nuevos tipos de armas.
Afortunadamente, estas armas no cayeron en manos de Adolfo Hitler, que llevaba ya cinco años en el poder en Alemania, por una serie de razones. En primer lugar, porque el líder del Tercer Reich exigió resultados inmediatos, y nadie los pudo garantizar.
Además, muchos de los científicos destacados emigraron de Alemania. Aquellos que por algunas razones no simpatizaban mucho con el gobierno nazi, como Klaus Fuchs, que era miembro del Partido Comunista de Alemania, y aquellos que no pertenecían a la raza aria. En otras palabras, los judíos y entre ellos estaba Albert Einstein.
Mientas que Einstein emigró directamente se dirigió a Estados Unidos, Fuchs llegó al Nuevo Mundo apenas en 1943, este momento importante de su vida, lo comentaremos luego.
El 2 de agosto de 1939, Einstein escribió una carta al presidente de EEUU Roosevelt que decía: “Me consta que Alemania ha suspendido actualmente la venta de uranio extraído de las minas de la Checoslovaquia ocupada...” El científico supuso que los nazis lo necesitaban para desarrollar armas nucleares.
Dos meses y medio más tarde Franklin Roosevelt agradecería a Albert Einstein su carta y diría: “¡Esto nos obliga a actuar!”.
Sin embargo, en 1945 se supo que los alemanes habían suspendido la venta del uranio porque las fábricas de armamento alemán necesitaron el mineral de uranio para reforzar el blindaje de los carros de combate.
Mientras tanto, en la ciudad canadiense de Quebec, Roosevelt acordó con el primer ministro británico, Whiston Churchill unir esfuerzos en el desarrollo de las armas nucleares ocultando estos planes a su aliado, Josif Stalin, líder de la Unión Soviética.
Y por cuanto Gran Bretaña era objeto de constantes bombardeos de la aviación nazi, se decidió que las instalaciones nucleares se construirán en Estados Unidos.
Para la realización del proyecto, bajo el nombre en clave “Manhattan”, se creó en la población de Los Álamos, en el estado de Nuevo México el Laboratorio Nacional. Con una financiación para aquellos años inaudita más de 2.500 millones de dólares.
En marzo de 1943, lo que antes fue un sanatorio para jóvenes se convirtió en un centro de investigaciones secretas vigilado por la inteligencia militares y el FBI. Allí fueron reunidos los físicos más destacados del siglo XX, entre ellos más de una decena de los Premios Nobel. En total en el Laboratorio trabajaban unos 130 mil empleados, entre militares y civiles.
El centro secreto estaba a cargo del coronel Leslie Groves. Y su director científico, fue el físico estadounidense Robert Oppenheimer.
Oppenheimer, por cierto, estaba casado con una sobrina del mariscal de campo alemán Keitel, quien en mayo de 1945 firmaría el Acta de Capitulación de la Alemania Nazi.
Por invitación de Oppenheimer, y procedente de Inglaterra, a Los Álamos llegó uno de los físicos más destacados en investigaciones nucleares. Su nombre era Klaus Fuchs, como recuerdan emigrante alemán y miembro del Partido Comunista de Alemania.
A partir de este momento, el Kremlin comenzó a recibir información secreta sobre intensos trabajos de investigación sobre el empleo de la energía atómica con fines militares en EEUU.
Porque resultó que ya en 1941, Klaus Fuchs había sido reclutado por la inteligencia soviética o, como afirman otras fuentes, él mismo ofreció sus servicios como agente.
El 13 de junio de 1945, doce días después de terminar el montaje de la bomba, Fuchs informó sobre los preparativos de una prueba importante del proyecto Manhattan.
La primera en la historia explosión atómica en la historia de la humanidad se produjo a las cinco horas y treinta minutos de la madrugada del 16 de julio de 1945, a sesenta millas de distancia de la ciudad Alamogordo, en el suroeste de Estados Unidos.
En el polígono de prueba estuvo Klaus Fuchs.
El informe sobre la prueba exitosa fue enviado en un avión especial al presidente Truman que en ese momento se encontraba en la ciudad alemana de Potsdam. Allí tuvo lugar la tercera y última reunión de los líderes de las tres potencias aliadas.
Tras leer el informe Truman declaró: “Ahora disponemos de un arma que podrá cambiar el curso de la historia y de la civilización”.
Truman y Churchill quedaron muy asombrados de la tranquila reacción de Stalin, que permaneció inmutable. Incluso pensaron que el líder soviético simplemente no entendió de qué se trataba.
Sin embargo, inmediatamente concluida la reunión, Stalin dio la orden de acelerar los trabajos del programa nuclear soviético.
La reacción de Stalin fue muy diferente cuando le informaron sobre los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Según testigos, quedó profundamente conmocionado.
El 20 de agosto de 1945, en la URSS fue creado un comité especial para “coordinar todas las investigaciones sobre el uso de energía nuclear”.
Como presidente del comité fue nombrado Lavrenti Beria, jefe de los servicios secretos. Su director científico fue Igor Kurchátov.
El académico soviético Piotr Kapitsa, insigne físico y futuro Premio Nobel, formó parte del comité, pero muy pronto lo abandonó tras escribir una nota a Stalin con el mensaje siguiente: “Si Beria quiere comportarse como un director de orquesta, además de mover la batuta, le convendría también conocer las notas”. Y pidió ser excluido del comité. Tal declaración sólo podía permitírsela una persona de talla de Piotr Kapitsa.
Los demás participantes del proyecto aceptaron las condiciones y empezaron a trabajar.
Ya en 1943, Igor Kurchátov había informado al gobierno que la URSS estaba muy rezagada en las investigaciones nucleares. Ahora, ese retardo debió superarse en el plazo más corto posible.
En estas circunstancias, la ayuda proporcionada por los servicios de espionaje soviéticos tuvo un significado mucho más que especial.El agente ‘Charles’, nombre en clave de Klaus Fuchs, entregó en septiembre de 1945 a los soviéticos una descripción técnica de 33 páginas de la bomba atómica de EEUU.
Las pruebas de la primera bomba atómica de la URSS tuvieron lugar cuatro años más tarde, el 29 de agosto de 1949. Y efectivamente, la primera bomba atómica soviética en muchos aspectos tenía las características de la primera bomba estadounidense.
Entonces, ¿es cierto que los científicos soviéticos como escolares mediocres copiaron la tarea a los sobresalientes escolares estadounidenses?
No, todo no es así de tan simple.
Los materiales obtenidos a través de los agentes de la inteligencia soviética permitieron no cometer errores, evitar investigaciones sin sentido y, lo más importante, reducir los plazos para la creación de las armas nucleares propias.
El monopolio nuclear estadounidense dejó de existir.
Para ese momento EEUU ya había elaborado el llamado ‘Plan Dropshot’, una operación militar que preveía asestar golpes nucleares preventivos contra la Unión Soviética. En una primera etapa, el plan estipulaba lanzar más de 300 bombas atómicas y otras 250.000 bombas convencionales sobre el territorio de la URSS. Ni que decir de las etapas posteriores.
“Si nos hubiésemos retrasado un año o un año y medio, habríamos sido víctimas del plan”, dijo Stalin. Fue una de las pocas ocasiones que la que el líder soviético tuvo toda la razón.
Años más tarde, en 1992, el jefe del programa soviético de las armas nucleares, académico Yuli Jaritón, destacó el papel que habían jugado en la creación de la primera bomba atómica en la URSS los datos obtenidos por el espionaje soviético especialmente los enviados por Klaus Fuchs.
Mientras, la situación de Fuchs se hacía cada vez más inestable, ya que a partir de 1949 los servicios secretos estadounidenses y británicos empezaron a sospechar que había proporcionado la información a la URSS.
Fuchs fue arrestado en enero de 1950 y reconoció su culpabilidad. Fue procesado por el Tribunal Penal Central de Londres y sentenciado a catorce años de prisión, el máximo posible por pasar secretos militares a una nación aliada. Pudo ser peor: el mismo Fuchs pensaba que sería condenado a la pena de muerte. Pero catorce años fue pena máxima por espiar a favor de un Estado aliado. Hasta 1945, la URSS y Gran Bretaña eran aliados.
Tras cumplir nueve años y medio de condena, el físico alemán fue puesto en libertad “por conducta ejemplar”. Los últimos años de su vida los pasó en la República Democrática Alemana donde continuó con su carrera científica, logrando una considerable importancia. Fue elegido miembro de la presidencia en la Academia de Ciencias Naturales y en el Comité Central del Partido Socialista.
Klaus Fuchs suministró información importante a la Unión Soviética de forma absolutamente desinteresada, partiendo de sus convicciones políticas y la certeza del profundo peligro que suponía el monopolio nuclear que pretendió crear Estados Unidos.
El estado soviético agradeció a Fuchs condecorándolo con la Orden de la Amistad de los Pueblos, uno de los más altos galardones de la Unión Soviética.
Sin embargo, Fuchs no fue el único agente que colaboró con los servicios secretos de la URSS en materia de las investigaciones nucleares.
Los esposos Ethel y Julius Rosenberg también fueron detenidos en Estados Unidos, acusados de entregar secretos nucleares a la URSS.
Hoy en día se puede afirmar que los Rosenberg colaboraron con los servicios secretos soviéticos. Pero es muy poco probable que los datos proporcionados por ellos, que no eran especialistas en física nuclear, hubieran sido útiles para los científicos soviéticos en el desarrollo de la bomba atómica.
Por desgracia para los Rosenberg, el proceso contra ellos tuvo lugar en una época del macarthismo, cuando la simpatía a la ideología comunista ya era considerada un delito.
La colaboración de los Rosenberg con la inteligencia soviética se descubrió debido a las declaraciones de Klaus Fuchs a las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses, que fueron empleadas para la implicación de Harry Gold, un testigo clave en los juicios de David Greenglass, hermano menor de Ethel Rosenberg.
Los esposos rechazaron todas las acusaciones pero el jurado los declaró culpables y una semana después el juez Irving Kaufman los sentenció a la silla eléctrica.
La mayoría de los físicos que accedieron a los planos entregados por Julius Rosenberg los calificaron de “caricaturas” y llenos de errores.
A pesar de las protestas que provocó la sentencia judicial para los esposos Rosenberg, el presidente de EEUU, Dwight Eisenhower, aprobó la pena de muerte.
En los últimos minutos antes de la ejecución los esposos estuvieron juntos.
En la habitación había un teléfono que conectaba directamente con la secretaría de Justicia. Una llamada confesando su culpabilidad podía salvarles la vida, pero Rosenberg dio la espalda al teléfono. El 19 de junio de 1953, a las 20 horas 6 minutos Julius fue ejecutado en la silla eléctrica en la cárcel de Sin Sing. 6 minutos más tarde murió Ethel.
Posiblemente no existe ningún país en el mundo en que la traición de los intereses nacionales sea impune.
Así es.
Pero ¿quién fue castigado por la muerte de cientos de miles de civiles, víctimas de las bombas atómicas en Japón?
Repasemos una carta de Einstein al presidente de EEUU Truman: "No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: piedras y palos". 
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