viernes, 14 de febrero de 2014

Experiencia soviética en Afganistán: las armas no solucionan los problemas políticos

Experiencia soviética en Afganistán: las armas no solucionan los problemas políticos

Hace un cuarto de siglo, las tropas soviéticas abandonaron Afganistán tras unos diez años de estadía en ese país.

Desde aquel entonces se rompieron muchas lanzas en los debates acerca de los resultados de esa campaña, pero la mayoría de los expertos coincide en catalogarla como la más grande y, tal vez por ello, también la más contradictoria de las acciones políticas externas de la Unión Soviética, después de la Segunda Guerra Mundial.
El último soldado soviético salió del territorio afgano el 15 de febrero de 1989. La retirada fue dirigida por el teniente general Borís Grómov, legendario comandante del 40° Ejército, unidad básica de la limitada presencia militar soviética en Afganistán. Fue una operación excelente. Actualmente, los militares estadounidenses tratan de aprovechar aquella experiencia soviética para concluir con decencia su propia estancia en Afganistán, una ocupación de muchos años que, a la larga, resultó prácticamente inútil. El destacado experto del Centro de Estudios Afganos, Nikita Mendkóvich, indica:

EEUU deberá utilizar, principalmente, los medios de transporte intercontinentales para evacuar a sus militares a otras regiones y otro continente. La operación soviética fue básicamente terrestre. Las tropas salieron por tierra a través de Asia Central. La seguridad es el problema más importante en ese tipo de maniobras. Una masa enorme de soldados y equipos se desplaza por las carreteras. Es necesario protegerla de posibles ataques y bombardeos. Hay varias opciones para hacerlo: reforzar las guarniciones locales, para que protejan con más eficacia las tropas en retirada; o ponerse de acuerdo con el enemigo, convenciéndolo de que no le conviene atacar a las tropas que se van.
Entre las campañas soviética y estadounidense en Afganistán hay no solo paralelos, sino también muchas diferencias. La más importante es que la Unión Soviética logró su cometido, y EEUU, aún no. La presencia limitada de tropas soviéticas en Afganistán tenía por objeto ayudar al Gobierno afgano a normalizar la situación política interna, primero, y segundo, prevenir la agresión foránea. Ambas tareas se cumplieron completamente.

La jefatura soviética de aquellos tiempos no podía permitir que la Revolución de Abril en Afganistán fracasara, por razones tanto ideológicas, como geopolíticas. De ahí, su actitud ante el conflicto afgano. El director de la revista Defensa nacional, Ígor Korótchenko, señala:

La campaña de Afganistán era prácticamente inevitable desde el punto de vista de los intereses nacionales y la necesidad de defenderlos. Pero los afganos recuerdan hoy con nostalgia a los shuraví (soviéticos, en afgano). Incluso los excomandantes de campo hablan con afecto de la antigua Unión Soviética y sus militares. No éramos invasores, queríamos edificar un nuevo Afganistán. Abríamos túneles, manteníamos el suministro de agua, plantábamos árboles y construíamos escuelas, hospitales y fábricas. De hecho, estábamos cumpliendo con nuestro deber internacional. Fue una gran proeza. Nos fuimos dejando a Najibullah con un fuerte ejército propio. Durante un año o año y medio logró controlar la situación en el país. Solo al quedarse sin la ayuda técnico-material soviética, perdió el poder. El actual régimen de Karzai es mucho más vulnerable y no duraría tanto. Es un fantasma. Y no creo que EEUU se vaya de Afganistán con la cabeza en alto y tan airoso como nosotros.
Muchos expertos estiman que, a pesar de su dramatismo y aparente irracionalidad, la campaña soviética en Afganistán predeterminó, en gran medida, la optimización de la política exterior de la nueva Rusia. Hoy en día, Moscú tiene claro que la armas no solucionan los problemas políticos y que solamente un acuerdo de compromiso puede dar solución a la crisis. En el ámbito internacional, trata de transmitirlo a los demás jugadores geopolíticos, porque esta es la lección fundamental de la experiencia militar soviética en Afganistán.

La voz de Rusia
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