lunes, 5 de agosto de 2013

China tendrá su flota de alta mar

China tendrá su flota de alta mar

China acomete la creación de su flota de alta mar. El discurso pronunciado por su máxima autoridad, Xi Jinping, en una reunión del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China, en la que habló de transformar el país en una potencia naval de peso, evidencia la continuidad de la estrategia en este ámbito, aplicado por distintas generaciones de su dirigencia.

Además, las declaraciones sobre la atención especial en el robustecimiento de las posiciones de China en el océano mundial ayudan, también, a sacar determinadas conclusiones acerca de la evolución inminente de su política exterior.
Xi Jinping se refirió también al importante papel que deberá desempeñar el océano mundial en el afianzamiento de los intereses económicos y de la seguridad nacional de China. Se piensa que el aprovechamiento de los recursos navales será, en perspectiva, una fuente importante de crecimiento para la economía del país. Sin embargo, la retórica de la dirigencia china rebasa los marcos de las deliberaciones acerca de la conveniencia del empleo de los recursos del océano mundial. Atención especial se presta al incremento de las posibilidades del país en la defensa de sus derechos en el mar. La dirigencia china pone gran relieve al aspecto militar, en la edificación de su potencia naval.
El surgimiento de los intereses globales del Estado ha ido siempre ligado a la ampliación de la esfera de sus intereses políticos y a la construcción de una flota oceánica. La organización de una flota poderosa será tomada siempre como un desafío para el país, que determinan el orden mundial actual, al margen de las declaraciones y fundamentaciones que avalen su construcción.
En 1898, el káiser germano Guillermo II pronunció una frase para el bronce en la que afirmaba que “el futuro de Alemania pasa por el agua”. Y en ese mismo año, el Parlamento germano aprobaba su conocida primera ley naval que daba comienzo a la construcción acelerada de la Armada. En adelante, aquello iba a derivar en una rivalidad naval militar con Gran Bretaña.
Alfred von Tirpitz, creador de la Flota alemana de Alta Mar, afirmaba en el Parlamento: “Los intereses navales de Alemania han crecido desde el tiempo de la fundación inesperada del imperio. Su afianzamiento se ha convertido en una cuestión vital para Alemania. El país, de ponerse escollo o de perjudicar seriamente estos intereses navales, enfrentará primero el receso económico y más tarde el político también”.
Es interesante comparar esto con un fragmento del discurso pronunciado por Xi Jinping: “El papel del mar en la estructura del desarrollo de la economía nacional y, de su apertura al mundo, se torna cada vez más importante y ejerce una influencia cada vez más patente en las cuestiones de la defensa de la soberanía estatal, de la seguridad y de los intereses del desarrollo, así como en la estructuración de una civilización ecológica. Es también evidente el crecimiento del papel estratégico del mar en la competencia internacional, en las esferas política, económica, militar y tecnológica”.
Se trata de distintos países y de distintas épocas históricas pero, con todas las diferencias en la retórica, el sentido sigue siendo el anterior. Al igual que Alemania ante la Primera Guerra Mundial, China, con el trasfondo de un crecimiento económico dinámico y de las limitaciones de recursos propios, depende cada vez más de los mercados y de la materia prima extranjera. Como Alemania, China debe conquistar un lugar en los mercados mundiales y el acceso a las materias primas indispensables en una competencia enconada con las compañías occidentales. Y en esa competencia ejercen influencia no solo los factores políticos, sino también militares.
La intervención de occidente en Libia y la caída del régimen de Gadafi causaron a las compañías constructoras chinas, que operaban en ese país, pérdidas por un monto de dieciséis mil seiscientos millones de dólares, y treinta y cinco mil ciudadanos chinos tuvieron que ser evacuados a la carrera. Si China va a seguir siendo incapaz de defender sus intereses económicos en el exterior, con métodos políticos y militares, a partir de un cierto momento, sus planes de expansión económica global van a comenzar a chocar con escollos y limitaciones insalvables.
China comenzó ya la construcción de su flota de alta mar, que comprende portaaviones, submarinos atómicos, destructores portamisiles y grandes buques de desembarco. Estos esfuerzos de China se encuentran de momento en la fase inicial. EEUU no ve en ello aún grandes motivos de preocupación y en sus círculos político-militares no existe una opinión categórica sobre cómo reaccionar ante tales ambiciones navales chinas. Una reacción similar se observaba también en la potencia líder del siglo XIX, Inglaterra, cuando Alemania acometió su carrera naval de armamentos navales. Es cierto que, más adelante, el crecimiento continuo de la Marina de Guerra germana trajo consigo un factor de los principales que inquietó a los ingleses y una razón importante para la colisión entre esas potencias.
Es obvio que la China de comienzos del siglo XXI no se parece, en una mayoría de parámetros, a la Alemania de principios del siglo XX, y un conflicto chino-norteamericano no está predeterminado. Sin embargo, la lógica de la conducta de las partes en las cuestiones del desarrollo de la Marina de Guerra, entonces y ahora, puede resultar asombrosamente parecida.

La voz de Rusia
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